Parece que el afán de ir en línea recta, el anhelo de avanzar, la ambición de ir más allá nos hace olvidar que la forma de hacerlo es dando vueltas y vueltas.
Cuando nos cansamos de dar vueltas y más vueltas entonces hemos llegado justo al punto donde hay que seguirlas dando, pues de lo contrario nos salimos del camino que nos lleva al horizonte.
Hay que respirar, hay que enderezar la espalda, hay que caminar con musicalidad, hay que desenfocar la mirada, hay que controlar la mente. Hay que generar un método que nos permita no salirnos del círculo que nos lleva en línea recta. Lo primero es esto.
Luego va apareciendo lo otro. En mi caso un círculo (1-2).